Benedicto XVI: pasión por la verdad
16-11-2005 Punto de vista
El autor analiza en este artículo el papel de Benedicto XVI en cuanto al diálogo de la Iglesia con la cultura actual, su defensa de la verdad frente al relativismo y sus similitudes y aprecio por San Agustín.
Benedicto XVI: pasión por la verdad
Benedicto XVI el día de su elección.
Pocos hombres conocen las ideas y valores de la cultura actual y son capaces de hacer un diagnóstico tan certero de la misma como Benedicto XVI.

Ya señaló en la homilía de la misa que abrió el conclave que el relativismo es el gran virus que envenena la cultura de nuestro tiempo. Porque si todas las ideologías valen lo mismo, no vale ninguna nada. "Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estas últimas décadas, cuántas corrientes ideológicas, cuántas modas de pensamiento....". En un mundo sin dogmas, el único dogma es el relativismo.

¿Dónde está la verdad?

"El gran problema es la verdad", escribía ya en 1964 el entonces teólogo Joseph Ratzinger. En su escudo como arzobispo de Munich aparece con el título de "cooperador de la verdad".

Benedicto XVI parte en este problema de una doble convicción que sostiene su trayectoria intelectual: la verdad no puede cambiar de la noche a la mañana, no tiene fecha de caducidad y la verdad se encuentra en el cristianismo. ”Sólo si la fe cristiana es verdad, concierne a todos los hombres; de lo contrario se quedaría en simple expresión de una cultura".

Defender y manifestar esa doble convicción en un tiempo caracterizado por el pensamiento débil suena fuerte. Y le ha costado el estereotipo de inquisidor y dogmático que determinados medios de comunicación han vendido.

Una cultura que eleva a la categoría de verdad lo que son simples opiniones, muchas de ellas contradictorias, no puede fácilmente aceptar una religión ni cualquier postura que se presente con la pretensión de verdad.


Admirador de San Agustín

Decía Ratzinger en unas declaraciones antes de ser Papa que se llevaría dos libros a una isla desierta: la Biblia y las Confesiones de San Agustín.

En una entrevista a un periodista alemán agnóstico, plasmada en un libro que lleva como título "Sal de la tierra", las referencias a San Agustín son constantes y dejan traslucir una clara admiración y una identificación con nuestro santo.

Y ello por una triple razón: porque el hilo conductor de la vida de ambos es la búsqueda apasionada de la verdad y porque ambos debieron subordinar y sacrificar la actividad intelectual al cuidado pastoral de la Iglesia como obispos de Munich e Hipona. La tercera, que es la más importante: ambos llegaron a la conclusión de que la verdad del hombre se halla en Jesucristo y de que sólo el cristianismo responde a los interrogantes más profundos del hombre.

Hay un ligero matiz que les diferencia. Para Agustín, el hallazgo de la verdad en el cristianismo es el desenlace de un proceso largo, doloroso, tortuoso que se inicia a los 19 años y términó a los 32. "Experimentando el gran vacío de las ideologías de su tiempo, Agustín sintió una gran sed de esa Verdad que abre el camino a la Vida", dice Joseph Ratzinger.

En Joseph Ratzinger, el encuentro con la verdad del cristianismo es el fruto de una preparación intelectual solidísima, en diálogo permanente y sincero con la cultura y corrientes de pensamiento de nuestro tiempo.

¿Es Jesucristo la única respuesta válida a los interrogantes profundos del ser humano? Esta es la única pregunta que vale la pena hacerse, afirmaba el cardenal Joseph Ratzinger al periodista Peter Seewald.

Ángel Jubera, OAR
Colegio San Agustín, Valladolid, España



¿Y tú que opinas?