Domingo I de Adviento: Vencer la prisa a base de paciencia
03-12-2017 Punto de vista
«El Adviento puede ser una buena oportunidad para dejar a un lado las prisas y ejercitarse en el arte de esperar con paciencia mientras echamos a volar la ilusión por lo que va a llegar…, sabiendo que no está en nuestras manos adelantarlo, que el cielo se rasgará cuando tenga que ser, ni antes ni después. De esta forma, el corazón estará más a punto para cuando Dios sea un Dios-con-nosotros a quien poder mirar a los ojos».

La paciencia y la prisa forman una de las parejas más presentes en nuestro día a día cotidiano. Son una nueva versión del agua y el aceite, pero éstos sí hemos de lograr que se mezclen para poder llevar una vida lo más apacible posible.

La prisa no nos deja estar tranquilos, nos quita la paz. Hay quien opta por quedarse siempre en el mismo lugar y huir de un futuro que puede complicarle la vida anque es probable que le hará más feliz. Otros corren, en vez de caminar, por la vida sin atarse a nada ni a nadie, y pasan por el mundo como si nada importara demasiado como para comprometerse de verdad.

Por otro lado está la paciencia que en nuestro tren vital de lo inmediato, suena a rancio, a consejo de abuela o a prevención mojigata. Eso, quizá le hace de las más necesarias. La paciencia lleva consigo esperar y respetar los tiempos; desear la llegada de otro y esperar. Desear y esperar forman un binomio indisoluble, este sí.

Mientras que la paciencia nos acerca, la prisa puede alejarnos de las cosas realmente importantes y hacernos inmunes a las miserias que conviven con nosotros; nos ciega y nos hace perder de vista el sentido de las cosas.

Las lecturas de este primer domingo de Adviento nos exhortan a permanecer firmes y vigilantes, atentos a los signos de la presencia de Dios en la vida diaria. El profeta Isaías refleja cómo el pueblo de Israel se siente como un trapo porque Dios le oculta su rostro por culpa de sus pecados, porque nadie invoca su nombre ni obedece sus mandatos. Pero a pesar de esta situación no están dispuestos a cambiar de conducta y volver sus ojos a Dios, el pueblo le pide a Dios que cambie pues, como dice el profeta, nosotros somos arcilla y tú nuestro alfarero, que vuelva, rasgue el cielo y baje. Este es el Dios goel, que tiende siempre su mano familiar y cercana en ayuda de los hombres. No es un Dios que actúe puntualmente sino que está comprometido totalmente con su pueblo.

La figura del Dios padre en la Biblia no se basa solo en la idea de origen sino en la idea de futuro y de esperanza de lo nuevo, asentada en la convicción de que el amor de Dios es el propio de una padre misericordioso que en la cercanía es capaz de salvar, y en la lejanía nos hace sentir solos y desprotegidos.

El evangelio presenta a Dios marchándose y dejándonos solos por un momento aunque nuestras prisas y nuestro egoísmo infantil hagan que la ausencia se nos haga eterna. Dios no tiene prisa, llega siempre a su hora, ni antes ni después. Marcos nos pide que estemos atentos y despiertos pues en el momento que menos esperemos, volverá. Pero esperar se nos hace interminable, no tenemos paciencia suficiente.

Entrar en el Adviento es asumir que el guía de la historia es Dios mismo. El momento y la hora de Dios no depende de nosotros sino de Él. Nosotros queremos que Él haga lo que a nosotros nos conviene en cada momento, que sea nuestra mascota para que nos ponga las zapatillas o vaya corriendo a coger la pelotita que caprichosamente lanzamos. Hoy Marcos nos manda que velemos, que vigilemos para descubrir dónde está Dios. ¿Dónde se hace presente Él? Pues en los ojos que saben mirar.

El Adviento puede ser una buena oportunidad para dejar a un lado las prisas y ejercitarse en el arte de esperar con paciencia mientras echamos a volar la ilusión por lo que va a llegar…, sabiendo que no está en nuestras manos adelantarlo, que el cielo se rasgará cuando tenga que ser, ni antes ni después. De esta forma, el corazón estará más a punto para cuando Dios sea un Dios-con-nosotros a quien poder mirar a los ojos.

Darle un sitio a la esperanza frente a la prisa es una excelente tarea de Adviento que hará que este tiempo no pase inadvertido. Quizá así, esta vez sí, vivamos más profundamente esta Navidad, que se nos anuncia por todos lados pero que interiormente solo nosotros podemos preparar y celebrar.


Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)


 




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