Domingo XXXII del Tiempo Ordinario: Vivir despiertos, una tarea evangélica
12-11-2017 Punto de vista
Hay una palabra en el evangelio de este domingo que Antonio Machado intuyó en uno de sus breves poemas: “Velad”. Dice este poeta sevillano: “Yo amo a Jesús, que nos dijo: / Cielo y tierra pasarán. / Cuando cielo y tierra pasen / mi palabra quedará. / ¿Cuál fue, Jesús, tu palabra? / ¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad? / Todas tus palabras fueron / una palabra: Velad.”

Va terminando el año litúrgico, que es como una parábola de la vida humana con un comienzo y un final. Por esto el evangelio, como momento central de la Palabra de Dios en la celebración eucarística, nos propone una parábola que invita a estar en vela, o sea, despiertos en la vida como personas y como seguidores de Jesús. No vale referir esta “vela” a los momentos últimos de la vida, aunque lo cómodo sea relegar la tarea de no caminar adormilados a cuando uno sea mayor, cuando no tenga mayores cosas que hacer o vea cercano el momento de la muerte.

Para evitar actitudes de adormecidos es necesario vivir alentados por la sabiduría, que se deja encontrar por quien la valora y la busca. Esa sabiduría que es un arte y ayuda a caminar por las sendas de Dios; esa Sabiduría, con mayúscula, que es el Espíritu de Dios que mueve el corazón de los seres humanos.

Las diez vírgenes de la parábola, cinco necias y cinco prudentes, no son necias o prudentes de nacimiento, sino que se convierten en necias o prudentes por su actitud y comportamiento; es decir, las necias no “ven”, no se percatan de su situación, de su condición frágil, de los problemas que enfrentan sus familiares, vecinos, amigos o una determinada sociedad; pasan por la vida enfrascadas en “sus” cosas; no miran al futuro; el presentismo, con todo lo que tiene de atractivo, las ciega. Su vida es una noche; se duermen sin esperanza. No hay “esposo” a quien esperar; no esperan nada que esté fuera del alcance de sus dedos.

Las cinco prudentes adoptan una postura muy diferente. Van consiguiendo poco a poco el arte de la sabiduría, que les lleva a seguir los caminos de Dios; tienen la capacidad de ver la belleza del seguimiento de Jesús, la verdad de las cosas, la bondad o malicia de un comportamiento; se mueven en la luz. La esperanza de que llegue el “Esposo”, o sea, el amor definitivo y en plenitud de Dios, las mantiene en vela, despiertas, preparadas. Lo importante para estas cinco no es cuándo llega el Esposo, lo importante es esperar con las alcuzas llenas de aceite para el encuentro gozoso y poder pasar al banquete de bodas, en el que el tiempo deja de existir y la espera anhelante del Señor se troca en feliz posesión.

Todos sin excepción adoptamos en la vida una postura “de virgen necia” o “prudente”, y nadie me libra de la responsabilidad de tener que hacerlo. Es la dinámica que el Evangelio de Jesús emplea con fórmulas diversas para que todos lo entendamos. Busquemos en esta tesitura la compañía de la sabiduría para saber ver y vivir, y la de la Sabiduría divina para poder ver y vivir como virgen prudente.


Marciano Santervás, agustino recoleto
Parroquia de Santa Rita, Madrid
 


 




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