Domingo XXIX del tiempo ordinario: Valientes para la misión
22-10-2017 Punto de vista
«Cada día estamos abocados a reservarnos la vida para nosotros o a perderla entregándonos a los demás. En este día del DOMUND esto adquiere mayor relevancia. Todos somos misioneros. dando a Dios lo que es suyo en los demás; y dando al César lo que es suyo porque así contribuiremos a que nuestro mundo evolucione, haya más oportunidades para todos y renazca por fin la alegría cuando seamos capaces de quitar la roca del sufrimiento y la injusticia que no le deja crecer».

La fuerza de la sonrisa del niño tiene pocas expresiones que se le puedan asemejar. La trasparecía de los ojos y la blancura de los dientes nos encandila, a poco sensibles que seamos. Muchas veces contemplamos niños de países con situaciones difíciles que esbozan sonrisas penetrantes y uno piensa ¿cuál es el motivo para reír sino deberían parar de llorar? Quizá nosotros hemos borrado de nuestros rostros la sonrisa por ocuparnos de tantas cosas inútiles. Por otra parte, hoy que es el día del DOMUND cuanto hay que agradecer a los misioneros que por todo el mundo intentan que renazca de verdad la alegría, que se borre la tristeza, que el horizonte de los que sufren se llene de esperanza. Pero esa no es solo una responsabilidad suya, todos los que queremos seguir siendo seguidores de Jesús, tenemos que ser valientes, como nos pide el lema de este año, para cumplir con nuestra misión de bautizados, clavar nuestra mirada con mayor fuerza en Dios y no buscar excusas.

En el evangelio cambiamos totalmente de escenario respecto a lo que llevábamos viendo en los últimos domingos. Pero sin embargo, no abandonamos el clima de confrontación. En este caso se alían los partidarios de la dominación romana, los herodianos, y los fariseos que estaban en contra de los romanos pero que también tenían un poder enorme en la sociedad. Todo vale a la hora de acabar con aquel que estaba poniendo patas arriba el sistema social. Jesús hubiera sido un sedicioso y le hubieran detenido automáticamente si llega a manifestarse en contra del tributo, y si se hubiese declarado a favor entonces los fariseos hubieran visto en el una sumisión que anulaba todo su mensaje. Jesús no entra en el juego y después de llamarles “hipócritas” les dice que den a cada uno lo suyo, al César y a Dios.

¿Dónde está la enseñanza de este domingo para nuestras vidas? En primer lugar tenemos que tener muy claro que nuestras obligaciones con la sociedad no pueden eludirse. La moral social y económica es tan importante y tan evangélica como otras en las que todo se mira con sospecha, aunque no siempre caemos en la cuenta de esto o apenas le damos importancia. Los cristianos al igual que nuestras instituciones, tenemos que dar ejemplo de honradez y trasparencia, al César lo que es del César.

A veces nuestro ansia por ser relevantes en la sociedad plural como la nuestra olvida la necesidad del diálogo y el consenso con otras formas de entender la vida. Tenemos que estar presentes en los medios de comunicación, en los espacios de cultura, sin miedos ni complejos, pero siendo astutos como Jesús. Nos encanta meternos en todos los charcos. A veces pensamos que poseemos la verdad, y no seamos incautos, los cristianos no poseemos la verdad sino que estamos a la escucha de la verdad que se construye entre todos, mediante el diálogo honrado. La palabra de los cristianos en los asuntos de la sociedad se ve legitimada por el testimonio coherente, alegre y esperanzado, de palabra y obra desde el diálogo. No tenemos que recluirnos en la sacristía, pero tampoco sentirnos atacados sino que tenemos que intentar amoldarnos a esta sociedad no cristiana e intentar testimoniar en ella lo que creemos que es un mensaje de felicidad.

Por otra parte, dar a Dios lo que es de Dios no es ninguna relación mercantil. No es pagar la hipoteca de una parcela en el cielo. Como seguidores de Jesús, tenemos que relacionarnos con Dios. Pero aquí no tiene que ser por obligación, por cumplir con unas “tasas”. Si bien la relación con el Estado no es directamente con nadie, es fría; la relación con Dios, nos abre a un encuentro personal, a un cara a cara con Él que va bastante más allá de entregar o de pagar un tributo, de una relación mercantil. Dios no nos pide que le paguemos nada, ni el domingo ni el lunes; sino que le demos todo, que compartamos con todos nuestras cosas, con los que menos tienen, y establezcamos con Él una relación de amistad, de cercanía… Todos los días tenemos que elegir entre el amor y el egoísmo, la gratuidad y el provecho, hacer el bien o sacar partido. Cada día estamos abocados a reservarnos la vida para nosotros o a perderla entregándonos a los demás. En este día del DOMUND esto adquiere mayor relevancia. Todos somos misioneros. dando a Dios lo que es suyo en los demás; y dando al César lo que es suyo porque así contribuiremos a que nuestro mundo evolucione, haya más oportunidades para todos y renazca por fin la alegría cuando seamos capaces de quitar la roca del sufrimiento y la injusticia que no le deja crecer.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)




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