«Buen camino», una bocanada de ánimo y cercanía
13-07-2017 Punto de vista
Cada peregrino realiza su peregrinación con talante diferente. Jorge Quirós, joven agustino recoleto, relata su experiencia como peregrino a Santiago –30 de junio-4 de julio–, “cinco días inolvidables en los que la mezcla de la soledad, la reflexión, la novedad y la comunidad formaron una melodía que me elevó a Dios y me invitó a ser un caminante y un peregrino dispuesto a lo que el camino ofrece, siempre dirigido a Dios”.
«Buen camino», una bocanada de ánimo y cercanía
Jorge Quirós Oviedo

Desde hace un año, sabía que existía la posibilidad de hacer el camino de Santiago, sabía que era una gran oportunidad de cumplir uno de mis deseos; y se me da, porque en la casa de formación, en la cual he convivido los últimos cuatro años, se nos ofrece esta ocasión como cierre de etapa, la etapa de «caminantes». Pues bien, con ese pensamiento en mente, poco inquietante al principio del curso 2016-17, conforme avanzaban los meses y superábamos los exámenes finales y las tesis, el tema del «camino» llenó mi mente de deseos, esperanzas y emoción.

El 29 de junio, tomamos el autobús rumbo a Lugo, encantadora ciudad que nos albergó y nos preparó para iniciar la aventura que cerraba nuestra etapa formativa de «caminantes».

Estos días estuvieron compuestos de caminata, de oración, de comunidad, de cocineros, de verdaderos peregrinos que por la mañana caminábamos y por la tarde, después de la “siesta del peregrino”, buscábamos ese encuentro espiritual en la eucaristía para dar gracias a Dios por la jornada concluida y para pedir fuerzas para la siguiente.

Durante el camino cada peregrino, independientemente del idioma, nacionalidad, dice la frase: “Buen camino”, para darte fuerza y continuar. “Buen camino” es el saludo típico entre los peregrinos, al sentirse todos una familia y compartir un sentimiento común; poco importa si eres de América o de Europa, moreno, negro o blanco; en el «camino» éramos todos iguales, con un mismo fin, llegar a Santiago.

Personalmente, cada vez que me decían “buen camino”, lo aplicaba a mi camino vocacional y sentía ese apoyo motivador para seguir por la senda de Cristo, sirviendo en mi vocación religiosa. Esta sencilla frase marcó mi camino; primero para llegar a la tumba del apóstol y desde ahí, con su intercesión, elevar una oración de agradecimiento a Dios por esta etapa formativa; y segundo, porque deja una huella en mi camino de vida y de seguimiento a Cristo, recordándome que estamos en una casa común y que, a pesar de las diferencias, todos somos seres humanos, todos compartimos, o debemos compartir, ese gesto de ayuda y de motivación para con el otro, que, aunque, con motivaciones distintas, camina en la vida y es mi hermano, es persona.

El camino lo hice con 6 hermanos religiosos, y cada uno me ha enseñado un valor distinto, la sabiduría de Carlos González, la constancia de Tonatiuh Espinosa, la alegría de Alberto Valecillos, la prudencia de David García, la servicialidad de Santiago Ledezma y la aceptación de Víctor Mancera. Fue impresionante cómo cada uno, en un viaje tan corto, me enseñó años de escuela.

En fin, el camino de Santiago es semejante a la vida: en él tienes momentos de alegría, de tristeza, de soledad, de reflexión, de dolor, de gozo, de prestar ayuda y de dejarte ayudar; y en concreto es un reflejo de la vocación a la que he sido llamado, ser religioso, es decir, la invitación a seguir las huellas de Cristo, que es “el Camino y la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). Igual que en la peregrinación, el camino verdadero está bien señalado; si te despistas es por tu culpa, no porque el camino sea erróneo. Además cada etapa que concluyes, cada capilla visitada y cada amistad que florece durante las diferentes etapas, es un trago de vida, es decir de energía para llegar a la meta. El estar atento a las señales de los mojones del camino, es igual que el estar atento a la escucha de la Palabra que Dios te regala a diario como la guía para el camino de la vida.

Fueron solo cinco etapas; quedé con ganas de más. Pero cinco días inolvidables en los que la mezcla de la soledad, la reflexión, la novedad y la comunidad formaron una melodía que me elevó a Dios y me invitó a ser un caminante y un peregrino dispuesto a lo que el camino ofrece, siempre dirigido a Dios.

En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (1 Ts 5,18). Pues sí: gracias a Dios, gracias a los Agustinos Recoletos, al equipo formativo de la casa de formación San Agustín de Las Rozas (Madrid), y gracias a España por estos años de formación y este cierre espectacular.


Jorge Quirós Oviedo, agustino recoleto
Casa de formación San Agustín
Las Rozas, Madrid




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