Domingo XIII del tiempo ordinario: Seguidores
02-07-2017 Punto de vista
«Para que no nos quedemos sólo en las palabras debemos encontrar algo por lo que luchar, aunque parezcan cosas pequeñas, en las que el mundo se vaya haciendo más humano y mejor. Ojalá el Evangelio nos empuje un poco si estamos demasiado quietos; nos inquiete y espabile un poco si el calor nos adormila. Porque, como dice el refrán, una cosa es hablar y otra dar trigo».

Llevamos ya varios domingos dando vueltas al tema del seguimiento. Por eso me ha parecido oportuno hacer una especie de recapitulación antes de abordar la última parte de ese discurso de Jesús a los suyos. Seguir a Jesús es profesar la fe cristiana; el seguimiento no constituye algo opcional o consecuente. Ser cristiano significa seguir a Jesucristo. El seguimiento de Jesús es una experiencia enteramente fundamental para todo el que quiera creer en el mismo Jesús. Más que un sistema doctrinal –religioso o moral– el cristianismo es el modo de vida de quienes han escuchado la llamada personal del Maestro, lo han dejado todo por Él y le han seguido. El seguimiento es la formula breve del cristianismo, expresa una dimensión esencial de la existencia cristiana.

En el evangelio, se insiste en el desprendimiento total de los seguidores de Jesús. Éste pretende mostrarnos la libertad total que ha de caracterizar a sus seguidores. Quien sigue a Jesús no debe estar atado a nada ni a nadie. Quizá hayan podido llamarnos un poco la atención algunas de las expresiones que hemos escuchado en el Evangelio. Respecto a lo que dice de la familia hay que aclarar que, como bien sabemos, Jesús quería un modelo de sociedad basado en la igualdad y dignidad común de todos y en la idea de fraternidad común. Frente a su pretensión estaba la institución familiar de la época marcada por una estructura patriarcal en la que el padre era dueño y señor de todo, de manera que esa forma no casaba de ninguna manera con lo que Jesús quería. Jesús apuesta por las relaciones de fraternidad frente a las relaciones de parentesco

Respecto al “cargar con la cruz”, ¿qué significa? Nos tenemos que situar después de la resurrección para entender que la crucifixión no fue una mortificación masoquista sino el precio de la libertad con que se comportó a la hora de denunciar las injusticias ante los poderes civiles y religiosos. Con lo cual cargar con la cruz es vivir con la libertad con que él vivió. Hay que cargar con la cruz de la fidelidad a él y a su obra de forma que el estilo de Jesús sea el nuestro y su tarea la nuestra, aunque eso nos lleve a las cruces modernas, es decir, al silenciamiento, el desprecio, la crítica. Cargar con la cruz es caminar con la cabeza alta y el rostro sonriente, pues somos portadores de un mensaje de vida. Cargar con la cruz no es sufrir, pues Dios no quiere sufrimientos y mucho menos sacrificios sino normalidad en la vida-

Para que no nos quedemos sólo en las palabras debemos encontrar algo por lo que luchar, aunque parezcan cosas pequeñas, en las que el mundo se vaya haciendo más humano y mejor. Ojalá el Evangelio nos empuje un poco si estamos demasiado quietos; nos inquiete y espabile un poco si el calor nos adormila. Porque, como dice el refrán, una cosa es hablar y otra dar trigo. Una cosa es desear que las heridas se sanen y otra estar dispuesto a que, en el proceso, algo del dolor me toque a mí. Una cosa es anhelar que todos tengan paz, pan y techo, y otra estar dispuesto a salir a terreno descubierto, donde está quien carece de todo. Ojalá cada día le pidiésemos que nos dé el coraje de tomar, hoy y siempre, la dirección que nos acerque a su Reino.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)




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