Juan Luis González Ríos: “Educar es darse incondicionalmente todos los días”
03-02-2016 Punto de vista
En el AÑO AGUSTINO RECOLETO DE LA EDUCACIÓN hemos entrado en contacto con Juan Luis González Ríos, agustino recoleto y director titular del colegio San Agustín de Valladolid, para ver qué piensa de la educación y de otros asuntos estrechamente relacionados con la vida y marcha de este centro educativo, el más grande de Castilla y León.
Juan Luis González Ríos: “Educar es darse incondicionalmente todos los días”
Juan Luis González, protagonista hoy del Especial Año Agustino Recoleto del Apostolado Educativo.
Juan Luis, antes de entrar en el tema de la educación, ¿puedes hacer tu propia presentación?

No voy a decir como Leopoldo Alas “Clarín” lo de “Me nacieron en Zamora”, porque nací -y presumo de ello- en Alberguería de Argañán (Salamanca, España). Mis padres se trasladan a vivir a Valladolid, y aquí se produce mi encuentro con el colegio San Agustín como alumno; después habría otros dos, a mi vuelta de Colombia como profesor y encargado de la pastoral, que ha sido mi vida y mi pasión. Me destinaron a Zaragoza, donde estuve nueve años, y otra vez al Sanagus para la pastoral. Pero  se “torció” la cosa y acabé en la dirección, que también es “mi pasión”, pero como sufrimiento y aguante para animar e impulsar a esta “gran mole” del Sanagus.


Hablemos de educación.

Educar… es realizar una actividad creadora. La educación debe ser todo lo contrario a un proceso de domesticación; y hoy que estamos llenos de incertidumbres, la educación no puede reducirse a propuestas petrificadas y  procesos cerrados.
Educar es ver la cara de alegría de esa profesora que se “derrite” ante el progreso de su niño con dificultades; es compartir la ilusión del que llega a la jubilación y tiene ganas de más; es “la pérdida de tiempo” de ese docente que ejecuta mil piruetas para que sus alumnos progresen; es el orden, la armonía y la disciplina de ese grupo que sabe ejecutar el paso ante la sonrisa del maestro; son las lágrimas de rabia e impotencia cuando sabes que no has llegado o no lo has conseguido; es la veneración que sientes ante el misterio de esas personas que ponen en tus manos; educar es darse incondicionalmente todos los días.


El colegio San Agustín sabe mucho del empuje del padre Juan Luis en distintos frentes

El que mucho abarca, poco aprieta”, y esa es la sensación que tengo en más de una ocasión; pero son tantos los frentes y tan pocos para ciertas actividades no rigurosamente académicas, que no sabes cómo hacer para multiplicarte y poder entusiasmar e ilusionar a todos. Desde luego que la respuesta te llena, porque los chicos aprecian lo que haces y valoran el cariño que les das.


Si en tu acción educativa tuvieras que elegir campo de acción, ¿con cuál te quedarías?


¿Con cuál me quedaría? Pues creo que las clases son necesarias y es en el tú a tú donde realmente consigues los logros y alcanzas las metas. La pastoral y el voluntariado son el medio en el que mejor me muevo y donde puedo ofrecer más salidas y apoyos. Con los scouts estoy en fase de colaboración mutua, y en la dirección es donde más sufres y te quemas, es dura y a veces se hace demasiado compleja. De todo lo que hago, es lo que dejaría en primer lugar.


O sea, elegirías en primer lugar el diálogo personal, después la pastoral y el voluntariado, ¿no?


Efectivamente.


¿Algún reto que afrontar?

Mantener el colegio al nivel y el prestigio del que siempre ha gozado; que los nuevos profesores se sientan en casa y lo asuman como propio, asimilando el cambio de profesorado ante las numerosas jubilaciones de la primera generación muy identificada con el colegio y que lo sentía como algo suyo, y compaginar esa complejidad de nuestro mundo y de la vorágine de actividades; asimilar las novedades tecnológicas, desde las tablets a todo el mundo informático; sin olvidar el aprendizaje de los idiomas, y la transmisión de valores educativos y religiosos, tan en desuso o postergados en nuestros días.


La educación, compleja de por sí, se complica aún más por la politización de las leyes que la regulan. ¿Algún comentario?

Es una pena que aquellos que defienden la escuela pública nos vean como adversarios. Creo que cada uno tenemos un espacio propio que aporta algo especial, y todos juntos debemos luchar para que nuestros alumnos alcancen una adecuada formación y sepan integrarse en la sociedad del futuro. Nuestros políticos deberían ver lo que nos une y no enfrentarnos con lo que nos separa.


En tu segundo encuentro con el colegio San Agustín fundaste los grupos Némesis, cuyos adolescentes de entonces son ahora antiguos alumnos, muchos de ellos padres y madres de familia, algunos de ellos con sus hijos en el mismo colegio. Merece la pena una mirada a esta realidad que es historia, pero es también presente.

Los “antiguos” alumnos siguen siendo para mí esos queridos alumnos con los que pude compartir ilusiones, sueños… y parte de la vida. Son trigo granado en el San Agustín y me siento orgulloso de haber estado junto a ellos. Espero que haya podido influir para que sean un poco mejores o para encontrar un sentido a sus vidas. Ojala que no se encojan ante las dificultades de la vida y aprendan a ser felices y dichosos con lo que tengan. Que recuerden la frase del Principito que tantas veces les cité: “sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”.


Una última cuestión. Hace unos cuantos meses murió don Tomás Sanz, primer director seglar del colegio San Agustín. Te tocó vivir junto a él, codearte con él. ¿Qué impresión tienes de él como persona y educador?

Que fue una gran persona, un excelente profesor, un maravilloso dirigente y un amigo de verdad. Ha sido una gran pérdida para el colegio. En todo momento tenía la palabra adecuada, para animar o para corregir, sabía educar y tenía unos dones innatos para dirigir, tal vez porque escuchaba mucho, analizaba con calma las situaciones y procuraba ser imparcial y justo. Aprendí mucho a su lado, compartí infinidad de momentos y situaciones. Si tuviera que quedarme con algo, lo haría con su sonrisa, que nunca desaparecía de su cara, unas veces pícara y otras cómplice. Allí donde esté, que estoy seguro que está en las manos y el corazón de Dios, estará con su tiza y su tablet, porque hasta en eso nos dio la lección: cómo conjugar la tradición con la novedad, para quedarse con lo mejor educando a sus chicos.

Gracias, Juan Luis, y a seguir celebrando el Año educativo agustino recoleto mirando con un ojo al pasado y con el otro el futuro, que es la mirada válida.


 




¿Y tú que opinas?