Domingo III del tiempo ordinario: Hoy, no mañana
24-01-2016 Punto de vista
«El “ahora” es más urgente que nunca. El presente no debe ser la silla en la que aguardemos el futuro. Hay circunstancias en las que el "hoy" pide un "ahora". Toca decidir, afrontar retos, dar pasos, elegir un camino, pronunciar una palabra, abrazar unas causas y renunciar a otras; estrechar unas manos y, quizá, decir adiós a otras».

¿Cómo vencer la pereza? ¿Cómo no ser indiferentes? ¿Cómo lograr que saquemos de una vez las manos de los bolsillos? ¿Cómo conseguir que nos quitemos las orejeras que hacen imperceptible el sufrimiento? ¿Cómo comprometer a la humanidad en el único ejercicio que puede hacerle crecer? ¿Cómo cambiar el bostezo por grito? ¿Cómo despertar del letargo de la monotonía? Demasiadas preguntas y pocas respuestas fáciles pero, eso sí, ineludibles.

A los que queremos ser a diario seguidores de Jesús se nos urge especialmente a no dejar para mañana lo que hoy podemos empezar a hacer. No vale el “ya veremos”, el “quizá” o “mejor mañana que es que hoy ya estoy ocupado”. No podemos anclarnos en el interminable tiovivo de la excusa o papagayear la absurda e inútil letanía del “ya veremos” y el “otro día, mejor”. El ahora” es más urgente que nunca. El presente no debe ser la silla en la que aguardemos el futuro. Hay circunstancias en las que el "hoy" pide un "ahora". Toca decidir, afrontar retos, dar pasos, elegir un camino, pronunciar una palabra, abrazar unas causas y renunciar a otras; estrechar unas manos y, quizá, decir adiós a otras.

La segunda parte del evangelio de este domingo nos presenta a Jesús en la sinagoga proclamando un texto del profeta Isaías. Cuando termina de leerlo dice a los allí presentes:  «hoy se cumple esta  Escritura que acabáis de oír». Jesús se autoproclama como el profeta escatológico portador de la verdadera doctrina. Aquel que los judíos estaban esperando. Él es el que ha sido ungido del Espíritu, como recordamos hace un par de domingos en su bautismo, el que habla de Dios de una forma válida y definitiva, el verdadero intérprete de la ley de Dios y de lo que significa ser hombre.

Por tanto, el “mañana” es tarde. La misión de los seguidores de Jesús, grandes y pequeños también, especialmente en este día en el que se celebra la Jornada de la Infancia misionera, es tan necesaria como urgente. No es desde luego algo sencillo pero, por otra parte, nos ha de consolar el saber que nos estamos solos, el Espíritu nos acompaña. Esto se concreta no en quimeras o en proyectos etéreos, sino en los rostros cercanos, en los objetivos sencillos pero auténticos que puedes ir poniendo y convirtiendo en buena noticia en tu vida y, en consecuencia, en tu entorno y en la vida de quienes la comparten contigo. Tú y yo somos enviados a humanizar nuestro mundo, nuestro hoy con lo mejor de nosotros mismos. Seguro que algo podemos hacer empezando por lo cotidiano respetando la dignidad de todos los seres humanos. El “hoy” está habitado por quienes necesitan algo que llevarse a la boca, quienes viven perseguidos, quienes necesitan respuestas, quienes necesitan paz, sosiego, tranquilidad; quienes han perdido las ganas de luchar, quienes han perdido la ilusión del día a día aplastados por la rutina, quienes necesitan un empleo, quienes se sienten fracasados, quienes sueñan con un mundo mejor, quienes no saben cómo orientar su vida, quienes están convencidos de que este mundo puede cambiar a base de remar en la misma dirección… y un larguísimo etcétera. Lo importante es convencerse de que nuestras aspiraciones, nuestros logros, nuestras pequeñas metas conseguidas pueden hacer que el mundo sea diferente después de que nosotros hemos pasado por él.

Tenemos que ponernos en camino y hacer presente al Dios de la vida y la alegría en este “hoy”, regando los desiertos del dolor, del sufrimiento y el sinsentido con agua de ternura, de apoyo y de compromiso. En eso consiste la nueva evangelización a la que nos urge la Iglesia. Sólo de esta forma podemos afirmar que estamos vivos y por tanto, comprometidos con nuestro mundo. No valen la pasividad, ni las pataletas, ni la queja estéril y hueca. La solución a los problemas no depende de Dios. Los reproches se acaban cuando empieza el compromiso sincero. Vivimos en este “hoy” y todo lo que tenemos es el “ahora”, el “ya”. Si queremos cambiarlo o no, si preferimos refugiarnos en la letanía de la excusa mientras llega el ansiado “mañana”, depende de nosotros.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)


 




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