Solmemnidad de la Sagrada Familia: Una formula cotidiana pero secreta
27-12-2015 Punto de vista
«La fórmula química de la familia es semejante a la del encuentro: dos partes de escucha, dos de perdón, dos de cariño, dos de ternura, dos de sinceridad, dos de preocupación por el otro, dos de sencillez, dos de buen humor y dos de confianza. El matraz apropiado: el hogar, la casa, aunque, por desgracia en muchos casos, sea más del banco que nuestra».

Si nos diese por reunir a un grupo de químicos sesudos en un laboratorio dotado con los últimos adelantos técnicos, con el fin de que descubriesen la fórmula química de la familia, no sé si el resultado iba a ser el esperado; es más, creo que el consenso no iba a lograrse tan fácilmente como en otras ocasiones.

Ríos de tinta, sermones, charlas, cursillos, fervorines, artículos, libros, ensayos, conferencias… abordan la familia, pero nadie ha hablado todavía de fórmulas químicas. Sin embargo, el lenguaje popular sí suele emplear la expresión “hay química” cuando dos personas empatizan.

No es la intención calentarse la cabeza, ni rizar el rizo más de lo normal. La fórmula química de la familia es semejante a la del encuentro: dos partes de escucha, dos de perdón, dos de cariño, dos de ternura, dos de sinceridad, dos de preocupación por el otro, dos de sencillez, dos de buen humor y dos de confianza. El matraz apropiado: el hogar, la casa, aunque, por desgracia en muchos casos, sea más del banco que nuestra.

Si, como cristianos, queremos exportar nuestra fórmula, mejor será no dedicarnos a buscar inconvenientes canónicos, pues aquí las “condiciones normales”, norma básica en los procesos químicos a la hora de realizar medidas, no siempre coinciden con lo que la jurisdicción eclesiástica propone, o lo que se pensaba hace algunas décadas. Después del Sínodo de la Familia parece que se ha desabrochado el corsé de la norma, se ha engrasado la maquinaria de la cordura y se permite respirar el aire del sentido común. Ya no habrá que resolver el cubo de Rubik a la primera y parece que se deja a un lado el agua destilada en las tinajas de piedra de Caná, para brindar mirando a los ojos, de igual a igual, con el vino de la ternura. En muchas ocasiones no son pocas las desgracias familiares o los dramas que se viven por las rupturas provocadas por un motivo u otro, como para que luego a la hora de intentar volver a formar una familia, aparezcan no pocos inconvenientes por parte de quienes se supone que deberían o deberíamos ser los mejores catalizadores para que se siga produciendo esa maravillosa reacción química que da lugar a la familia.

Nada hay más humano: es amar con miras universales y sin prejuicios a nuestros semejantes. Y la familia, nacida de esa mezcla espectacular, nos permite aprender a convertir el amor incondicional en historia de carne y hueso. Pero humano también es llorar, cuando se nos tuercen los días o parece que a nosotros nos toca siempre el camino lleno de piedras y baches; pero humano es también confiar en que alguien acunará tus miedos y abrazará tus desvelos. Debemos esforzarnos por cuidar y mantener los lazos familiares. El amor que vivimos en la familia es regalo de Dios, que es amor, y se convierte en tarea diaria para toda la familia. Es muy importante que nos esforcemos en la comunicación, el diálogo, por dedicar tiempo a los hijos y a los mayores. Mejorar la familia es pues mejorar la sociedad, la gran familia que debemos construir y hacer más habitable cada día.

Estamos en Navidad. Cae en la cuenta de que también es humano, el latido de un corazón capaz de vibrar con otros. Un diminuto corazón como el que empieza a latir en una noche fría en un pesebre, y la hace buena, la más Buena de cada año.Esfuérzate en los detalles, en los gestos pequeños, déjate de pregonar lo que haces. No rebuznes más de la cuenta. Calla y haz. Lo pequeño es lo que pasa desapercibido, el gesto sencillo, el regalo anónimo, el cariño servido en los blancos manteles de las historias cotidianas, la visita inesperada a quien se siente solo o demasiado agobiado con mil y un problemas, la broma que alegra una tarde muerta. Lo pequeño es enorme en Dios. Puedes comprenderlo fácilmente mirando sus ojos en el pesebre. Esta Navidad haz tuya la ilusión por ir haciendo del mundo un hogar donde a nadie le falte un trozo de pan, una familia, unas manos amigas y sueños que soñar.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)




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