Domingo V de Pascua: De sorpresa en sorpresa
18-05-2014 Punto de vista
«Este es el quicio de nuestra vida cristiana, caminar guiados por la fe como el espeleólogo, de asombro en asombro. Una fe a la que no se debe sedar por miedo a no se qué, una fe que haga que nos cuestionemos en un paso, y en otro podamos respondernos. Esa es la búsqueda del cristiano».

La vida del cristiano podríamos muy bien compararla con la del espeleólogo que se introduce en una cueva y, poco a poco, va pasando de galería en galería, de asombro en asombro ante las maravillosas formas que surgen ante sus atónitas pupilas. De igual modo la vida del cristiano trata de ir escudriñando la realidad presente del Misterio, de Dios mismo, en una búsqueda ansiosa que no permite descanso alguno hasta el momento del encuentro definitivo cuando la fe y la esperanza se transformen en certeza y visión. Hasta entonces debemos seguir buscando. «Cuando digas es suficiente entonces pereciste. Añade siempre algo camina continuamente, avanza sin parar, no te pares en el camino, no retrocedas, no te desvíes» dice Agustín el inquieto buscador de la Verdad y que conforme al evangelio de hoy podríamos decir buscador del camino, la verdad y la vida.


En el evangelio, asistimos a la despedida de Jesús lo cual causa incertidumbre y tristeza entre los suyos. Ante esa duda Jesús se presenta como el mediador, el camino, la verdad y la vida. A través de Él es como se llega a la gloria definitiva. Con lo cual se pone de manifiesto la verdadera intencionalidad de la misión de Jesús: humanizar a Dios, acercárnoslo a la altura de nuestras manos para que podamos disfrutar del inagotable torrente de su gracia. Conocer a Jesús significa experimentarlo en nuestro interior, abandonarnos en Él, echarnos en sus brazos amorosos. Creer es confiarse, no es comprender racionalmente; es acoger, dar crédito, encontrarse con el Señor. De esta forma, la vida cristiana se convierte en un maravilloso viaje hacia Dios que es la Vida con mayúscula. La Vida es pues un éxodo, una salida, un camino, una pascua permanente a través del Camino, Cristo.


Con lo cual la vida cristiana, como mostró Agustín, no entiende de rutina, ni de mediocridad, ni de estrecheces, ni de encajonamientos ni de cumplimientos. No entiende de monotonías, ni de sensibilerías, ni de cultos acartonados y rancios. El camino marcado por Jesús, queridos hermanos, es novedad pura, que impide que las venas de nuestra fe se escleroticen.


Este es el quicio de nuestra vida cristiana, caminar guiados por la fe como el espeleólogo, de asombro en asombro. Una fe a la que no se debe sedar por miedo a no se qué, una fe que haga que nos cuestionemos en un paso, y en otro podamos respondernos. Esa es la búsqueda del cristiano. Cada uno desde nuestra propia experiencia sabemos que este camino no es liso pero nos sabemos acompañados por Él que es la Verdad y la vida pero no por eso debemos parar. ¡Dame lo que mandas y manda lo que quieras! Exígeme lo que sea, que no tengo miedo, porque confío en que Tú mismo me lo vas a otorgar


Como decía Agustín: Todavía voy en pos de la suprema vocación de Dios en Cristo Jesús, aún avanzo, aún camino, todavía estoy en ruta, todavía estoy en tensión, aún no he llegado, aún estoy vivo.


En este nuevo horizonte que se abre hoy para la Iglesia con el nuevo Pontificado, pongamos también nuestras voluntades al servicio de este nuevo Servidor, de este nuevo espeleólogo que tratará de allanar las sendas por las que nosotros hemos de atravesar.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)




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