Domingo VI de Pascua: Amor de alta tensión
25-05-2014 Punto de vista
A partir de un texto de Ernesto Cardenal, el autor reflexiona sobre el evangelio de este domingo. La corriente de alta tensión del amor exige de nosotros que seamos "centros de transformación" que distribuyan ese caudal de energía entre todos los que nos rodean.

Afirma Ernesto Cardenal en su libro Vida en el amor que los hombres somos un invento del Amor, y hemos sido creados para amar. Somos hilos conductores de la corriente de alta tensión de amor, por eso no debe existir amor propio en nosotros, porque el amor propio hace de aislante con el verdadero amor. Por esta razón debemos amar a los otros como a nosotros mismos, porque amarnos más a nosotros es interferir el amor. Debemos entregarnos totalmente al amor y permitir que su corriente fluya a través de nosotros: ser transmisores de amor, no somos una pasión sin sentido que decía Sartre sino que nuestro sentido está puesto en Dios. 

Continuamos en la misma escena evangélica del domingo pasado. Jesús está despidiéndose de sus discípulos. Si recordáis, ante la pregunta de Tomás, Jesús se presentaba como el Camino, la Verdad y la Vida. Él es el Camino que debemos seguir para llegar a la Vida verdadera, un camino que fue marcado por el, por su ejemplo de vida y que nosotros debemos recorrer guiados por la fe. Hoy Jesús da un paso más y coloca una condicional: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos para continuar por ese camino hacia la Vida en el que no estamos solos sino que gozamos de la compañía del Espíritu Santo que es quien en el fondo nos alienta. Guardar los mandamientos no es una moneda de cambio o un mérito hueco para obtener una medalla, sino la consecuencia lógica de un amor incondicional a Jesús basado fundamentalmente en el amor al prójimo. No se trata de presentar una hoja de servicios inmaculada sino de amar desde lo que somos, aceptando nuestras limitaciones, a la vez que intentamos superarlas cada día. El mandamiento del amor, en forma condicional no es sino un imperativo, un Ámame interminable que nos dice hoy Jesús a cada uno de nosotros. El imperativo no hace memoria ni fundamenta el presente ni el pasado ni premedita el futuro sino que es un ahora mismo, un “ya” sin preparativos. Sólo es verdadero amor aquel que reclama continuamente un “Ámame”. Dios es solo amor y un amor que lógicamente no puede reclamar otra cosa que amor por nuestra parte. Así de fácil y así de complejo a la vez a la hora de vivirlo. El amor no es un mero sentimiento. Amar es vivir orientado hacia los demás. El amor no es una actitud más de la vida, aunque la consideremos la más importante; no es un sentimiento más de la vida, aunque lo tengamos por el más profundo. No está por un lado la vida y por el otro el amor, como algo que pudiera acceder a nuestra vida. El amor es la vida y la vida verdadera consiste en el amor. Y la vida es acción. Amar es hacer la vida del amor. «Si me amáis guardaréis mis mandamientos». Por esta razón, la vida del amor no entiende de rutina pues cuando ésta aparece quiere decir que ese Ámame fundamental se ha debilitado.

En este tiempo de Pascua, de alegría desbordante, pongámonos en serio en la tarea de ir respondiendo en nuestra vida a ese Ámame que Jesús nos lanza, pues como nos decía Ernesto Cardenal, somos conductores de la alta tensión del amor divino

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (ValladolidEspaña)
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